¿Que le sucedio al jefe del brazo armado de Juan Orlando Hernandez?

En las últimas horas se ha viralizado una imagen del exjefe del Estado Mayor Conjunto, Tito Livio Moreno, luciendo “irreconocible” luciendo un look moderno con su cabello largo.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, general Tito Livio Moreno Coello, fue visto en una reunión social luego de varios meses de dejar el cargo.

abe recordar que, Livio Moreno fue el brazo armado del expresidente Juan Orlando Hernández durante sus últimos días de gobierno, cediendo su cargo al almirante Jose Jorge Fortín en diciembre del 2021.

Moreno Coello 35 años de carrera militar, se despidió de sus compañeros y dijo que siempre será un soldado dispuesto a defender la democracia.

El periodo turbulento de Tito Livio Moreno

Previo a la llegada del nuevo gobierno, Tito Livio Moreno concluyó su período como jefe del Estado Mayor Conjunto de las FF.AA., una institución señalada de ser parte de la estructura criminal que le dio poder al narcotráfico en Honduras en las últimas décadas, según menciones de testigos y fiscales en juicios contra narcotraficantes hondureños en Estados Unidos.

En marzo de este año se llevó a cabo el juicio en contra de Geovanny Fuentes, un capo del narcotráfico en Honduras al que los fiscales señalaron como socio del presidente Juan Orlando Hernández. Ese juicio salpicaba a un alto oficial del Ejército y a un ex comisionado de la Policía Nacional, demostrando que Fuentes Ramírez recibió apoyo y asistencia de miembros de las FF. AA. y del gobierno para proteger sus cargamentos de droga.

Previo a ese juicio y que se declarara culpable a Fuentes, ante los señalamientos en contra del actual presidente y la institución castrense, Tito Livio Moreno aseguró que eran interpretaciones de medios de comunicación y que los entes legales en Estados Unidos hacían las menciones sin ser específicos. Además, recalcó el supuesto trabajo del actual presidente en la lucha contra el narcotráfico.

En reiteradas ocasiones, Moreno ha evitado pronunciarse sobre el conocimiento que tenían las FF. AA. acerca de las actividades de estos narcotraficantes. Esto incluye al excongresista Juan Antonio Hernández, hermano del presidente y declarado culpable el pasado 30 de marzo en la Corte del Distrito Sur de Nueva York por cuatro cargos que presentó el Departamento de Justicia de los Estados Unidos relacionados con el narcotráfico, incluyendo el envío de toneladas de cocaína a territorio estadounidense.

«Yo no quiero ser irresponsable y opinar en temas que no me compete, yo solo puedo decir sobre el gran trabajo que ha hecho el Estado contra el narcotráfico, hay que ser objetivos y lo que queremos es que se valoren los esfuerzos que se han hecho, no hay que seguir denigrando ni difamando, no somos los peores del mundo», apuntó en marzo el entonces jefe del Estado Mayor Conjunto.

Pero las FF. AA. sí han sido recompensadas y no solamente desde el golpe de Estado. El gobierno de Manuel Zelaya fue el que inició el proceso de dar más protagonismo a esta institución con la instalación de una junta interventora militar en la Empresa Nacional de Energía Eléctrica en 2007.

Sin embargo, fue desde la llegada de Porfirio Lobo a la presidencia en 2010 y con el liderazgo actual de Tito Moreno, que la institución castrense ha tenido un papel rescatista en todas las instituciones con sospechas de corrupción o mala administración. Ese ha sido el caso del Hospital Escuela Universitario, uno de los principales centros asistenciales del país; el Instituto Nacional para la Atención de Menores Infractores (INAMI) y quizá la institución de gobierno más importante en los últimos dos años de pandemia: Inversión Estratégica de Honduras (INVEST-H),  que carga con los señalamientos de corrupción por compras sobrevaloradas y el fracaso en la puesta en marcha de Hospitales Móviles (valorados en 47 millones de dólares) destinados a atender a pacientes graves de COVID-19.

Durante la emergencia por la pandemia, vimos a las FF. AA. en programas que van desde el asistencialismo hasta la administración de hospitales; sin embargo, la Secretaría de Finanzas omitió en la rendición de cuentas de la pandemia el presupuesto que ejecutaron y pasaron desapercibidas la mayoría de las compras de insumos y medicamentos para sus unidades.

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